Para lograr entender la psicología ambiental como ese estudio del comportamiento humano en relación con el medio ambiente ordenado y definido por el hombre, necesitamos darnos cuenta que el siglo 21 no ha llegado solo, que con él llegaron la globalización y el desarrollo sustentable y junto con ellos los miedos y las preocupaciones en cuanto a la supervivencia, al entorno, al hábitat en el que nos desenvolvemos y a esa identidad que día a día perdemos.
Es al aceptar lo anterior donde la psicología ambiental puede comenzar su papel de “psicóloga” en la relación individuo- ambiente y puede llegar a ubicarse como aquella disciplina que se encarga de elaborar sus propias aproximaciones teóricas y es allí donde puede arrasar con los miedos que nos han traído la globalización y el desarrollo sustentable, esos miedos al anonimato, inseguridad, indiferencia hacia los demás y exposición a una variedad de stress y evaluar y evidenciar con ello nuestras percepciones, actitudes, evaluaciones, representaciones ambientales, comportamientos y conductas ambientales que como seres humanos nos acompañan. E interesarse aun mas por aquellos efectos que nos traen las condiciones ambientales que nosotros mismos manipulamos sobre nuestros comportamientos y conductas, para entender aun más la manera como percibimos y actuamos sobre el medio ambiente.
Hay que tener en cuenta que el desarrollo sustentable y la globalización no solo nos han traído preocupaciones y miedos, si no que nos han ayudado a ampliar esa definición de la psicología ambiental, pues gracias a ellos nos hemos podido dar cuenta que no solo es el estudio de la relación ambiente-hombre si no que es ese estudio de las interrelaciones entre el individuo y su ambiente (ambiente que es físico y social), dentro de sus dimensiones espaciales y temporales y que esta funciona así dentro de diferentes niveles de referencia espacial (el microambiente, los ambientes de proximidad, los ambientes públicos y el ambiente global)
En conclusión la psicología ambiental nos abre los ojos y nos muestra cómo es que el bienestar depende de la satisfacción de esas necesidades culturalmente determinadas, de esos miedos acabados, y como el apego ambiental y su apropiación constituyen la base de la identidad ambiental.
Para cerrar esta conclusión es necesario resaltar que esa relación del individuo con el ambiente que va desde el hábitat, pasando por la ciudad hasta el ambiente global, depende del nivel de control que el nosotros como seres humanos podemos ejercer.